DESAYUNO CON DIAMANTES (Blake Edwards, 1961)

19 y 21 de Junio
20.30 horas.

Titulo original: Breakfast at Tiffany’s
Año: 1961
Duración: 115 min.
Director: Blake Edwards
Guión: George Axelrod (Novela: Truman Capote)
Fotografía: Franz Planer
Reparto: Audrey Hepburn, George Peppard, Patricia Neal,

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-Holly: Escuche ¿conoce usted esos días en que se ve todo de color rojo?

-Paul: ¿Color rojo?… Querrá decir negro…

-Holly: No, se tiene un día negro porque una se engorda o porque ha llovido demasiado, estás triste y nada mas… Pero los días rojos son interminables, de repente, se tiene miedo y no se sabe porqué… Cuando me pasa, lo único que me va bien es coger un taxi e irme a Tiffany, me calma enseguida la tranquilidad y el aspecto lujoso que tiene… Nada malo podría ocurrirme allí… Si pudiera hallar algún sitio con el sosiego que se respira en Tiffany, entonces compraría algunos muebles y bautizaría al gato…

Ella, la de los días rojos del desasosiego es Audrey Hepburn vestida de Givenchy para ser Holly Golightly. Él, el mismo que confunde el rojo con el negro, es el Paul Varjack que encarnó George Peppard antes de perderse camino de la nada cinematográfica y dar con sus huesos, muy cansados, en la serie bufa por excelencia: El Equipo A. El gato no es nadie salvo un gato callejero y que por no pertenecer a nadie se ha quedado en Gato, a secas.

Cuando Holly y Paul se conocen aún no saben que son una pata para un banco, dos iguales y el uno para el otro… Ella, pretendiente a actriz, vive del dinero que le procuran las visitas para entretener a un encantador anciano, y hasta aquí, relativamente normal si no fuera porque se llama Sally Tomato, reside en Sin Sin y es mafioso…
Paul aporrea día y noche su máquina de escribir intentando convertirse en novelista de fama y crítica o, como todo quisque, escribir la gran novela americana. Mientras llega el éxito llena la nevera dejándose querer por una dama que lo dobla en clase y edad (Patricia Neal) 

Y mientras ellos se tienden uno sobre la vida del otro, encontrándose y perdiéndose continuamente, desfilan a su alrededor las calles de una Nueva York plena de extravagancia y sofisticación, de bullicio noctámbulo, y aún donde la ciudad es barrio el barrio es bohemia y la falta de dinero no se llama pobreza porque se llama estilo y carpe diem excéntrico. Nunca como en Desayuno con Diamantes se han juntado tanto el hambre con la desganada elegancia de vivir, con una exteriorización tan palmaria de la despreocupación y el vive como quieras o como puedas mientras la ironía te acompañe, porque el mundo es una tarta y las manos sostienen champán y una larga boquilla fumada con exquisita languidez. Pero bajo ese jolgorio de heterodoxos, de arribistas intelectuales, de entretenidos y entretenidas, de ociosos profesionales, de ricos auténticos y de aparentadores de riqueza, late por cada poro de cada fotograma la melancolía y el disimulo de la tristeza, el desarraigo, el dolor de no pertenecer a nada ni a nadie…
La comedia, que lo es, no vira abruptamente en pseudo-melodrama, simplemente ambos géneros se turnan, pero, hasta ese viraje de género se sirve del absurdo para los pasajes mas agridulces, y entonces, precisamente porque el llanto se moja con la risa, la pena de los personajes resulta así de creíble y devastadora.
Ahí está la mano de Truman Capote con su música para camaleones, el pequeño gran hombre de estilete por bolígrafo, retratando a los que mejor conocía y entre los que se movía como tiburón en sus aguas. Narrador consumado de prototipos estrafalarios, de gente atípica y diletantes geniales, recogió el testigo de Scott Fitzgerald para dar a sus criaturas una vuelta de calcetín y mostrar el reverso de la euforia. Ayuda y mucho que a la joya literaria de Capote le pusiera guión George Axelrod, uno de los grandes con haberes para el cine como La Tentación Vive Arriba, Bus Stop, Adios Charlie o The Manchurian Candidate; y ayuda, aún mas, la partitura de Mancini con brillo pícaro y punzante, vitalista para las horas de la risa y el ruido y dolorosamente cómplice en los “días rojos”.

El mundo que cuenta Desayuno con Diamantes otorga a cada personaje su importancia y así, el coro que acompaña a Holly y Paul, adelanta paso hacia primera fila de plano apoderándose a menudo de la historia: desde el gato que se llama Gato, al vecino japonés a cargo de Mickey Rooney, pasando por el ex marido de Holly con su rol de padre postizo a cuestas y el corazón roto, o ese Jose Luis de Vilallonga nuestro haciendo el brasileño rico… A todos ellos los movió en 1961 la mano en estado de gracia de Blake Edwards, y hoy, pasados 52 años, Desayuno con Diamantes es pura iconografía, puro estilo y clase, cine puramente moderno a quien el tiempo no ha tocado ni uno solo de sus fotogramas ni envejecido un solo día. 

Isabel Lueje

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